Ciudad de México, a sábado 11 de abril de 2026.- Julio Preciado, La Leyenda de la Banda, entregó su ser sobre el escenario del Auditorio Nacional. Los diversos sonidos y ritmos festivos, así como la emblemática voz del intérprete deslumbraron en una emotiva noche, como preámbulo de la gira del adiós, donde hizo un viaje por más de 40 años de trayectoria cantando a todo pulmón y, tal vez, dejando atrás los estragos de su reciente hospitalización.
El sinaloense de 59 años, expresó su felicidad por haber colgado el sold out, la noche del jueves, en el recinto de Reforma. Con su caminar pausado y sillas colocadas para que pudiera estar confortable durante su presentación, se acompañó de una veintena de músicos, un mariachi y el sonido inigualable del acordeón para generar en diversos momentos un multitudinario y vibrante coro; además de propiciar entre muchos de los asistentes ese movimiento cadencioso de baile que se observó en los pasillos y frente al escenario.
“Muy buenas noches, gracias por acompañarme en esta noche especial; vamos a recordar canciones desde 1981 hasta la fecha”, dijo el oriundo de Mazatlán, de esa tierra de la banda y la tambora, quien abrió el agasajo musical con El sinaloense, Mi gusto es y Leña de pirul.
El colorido papel cortado lanzado como cañonazo comenzó el festejo y alegró los miles de corazones que llegaron a acompañar a Preciado en el concierto como parte de su gira internacional Por siempre, que formalmente iniciará en agosto y se prolongará hasta finales del próximo año. Entre sombreros y botas de diversos estilos, los seguidores del legendario cantante ambientaron el lugar como si fuera una gran feria o un palenque donde los cantos de amor, desamor y despecho se acompañaron en diversos momentos por los músicos brindando con el clásico: “¡Salud!”.
Y, la voz de Julio César Preciado Quevedo retumbó: “Cuánto quieres por que me olvides, cuánto quieres por que te alejes, cuánto valen tus desprecios, cuánto quieres por que te vayas y me dejes vivir en paz. Pobre leña de pirul que no sirves ni pa’ arder, pobre leña de pirul que no sirves ni pa’ arder, nomás para hacer llorar”.
Enseguida el cantante y compositor, ataviado con traje negro y cobijado por su banda Perla del Pacífico, agradeció de nuevo a la audiencia, incluyendo a su familia “que está conmigo esta noche; a mi esposa, a mis hijos, y en especial a la Ciudad de México, donde me han visto crecer desde 1990 que llegué con la banda El Recodo, de Cruz Lizárraga; muchísimas gracias”.
Entre baladas, rancheras, cumbias, boleros, además de imágenes en pantalla de diversos artistas con los que ha colaborado o coincidido, Julio Preciado también rindió tributo a El Buki, Juan Gabriel y a Los Yonic’s y, a propósito de este última agrupación invitó a José Manuel Zamacona junior con quien interpretó Soy yo y El día que me acaricies lloraré.
Después, en una gran armonía, se fundieron la banda y el mariachi y, éste último, acompañó las letras hacia el final del concierto con Hermoso cariño, No vale la pena, Volver, volver, Si nos dejan, Tú y las nubes. Luego apareció Luis Ángel El Flaco, otro de los invitados, quien acompañó al anfitrión con Cuando yo quería ser grande y Las llaves de mi alma. Julio Preciado no olvidó El corrido de Mazatlán, que fue un gran guiño a su tierra natal.
Pero la fiesta siguió sin tregua por más tiempo del que se pensaba porque Julio Preciado dio todo de sí, con sus músicos, invitados y con temas emblemáticos que resonaron en el recinto como Acábame de matar y Como el primer día, en un preámbulo de la anunciada despedida y gira del adiós de La Leyenda de la Banda. (La Jornada).
